Square Enix parece querer adentrarse en una nueva corriente con FINAL FANTASY XV. Y es que desde su salida parece querer apuntarse a esta vertiente del “videojuego como servicio”. Sin duda, resulta una buena forma de mantener su obra latiendo mientras los jugadores esperan a ver completada su historia.

Y es así que entre los DLC que reúnen las piezas perdidas de su argumento sus jugadores nos hemos encontrado ya con dos festivales. Es una jugada extraña, que suele leerse como una forma de ofrecer contenido barato y mantener a los jugadores contentos. Pero no es exactamente así. Y por eso hoy toca hablar de ellos, de porque están ahí y de que ofrecen —pese a su, aparente, escasa importancia— al desarrollo de la obra.

El lanzamiento del Carnaval Moguchocobo se entiende como una pausa necesaria. Un momento de descanso, donde disfrutar y pasarlo bien sin necesidad de más. No solo para el jugador, ni para los desarrolladores, si no también para Noctis. Se su celebración, pese a situarse en Altissia, se realiza en una suerte de dimensión alternativa, por lo que es fácil entenderlo como una pausa para Noctis, un lugar donde olvidar el viaje y el sacrificio. Una pequeña compensación por todo lo sucedido.

La presencia de Rubí en el mismo es otra señal de lo mismo, recordando lo sucedido en Platinum Demo. Es un espacio pequeño, un ligero detalle, que pese a ello, sirve remarcar la figura humana de Noctis. Verle bailar, golpear cactilios y disfrutar de los fuegos artificiales junto a Rubí son, posiblemente, pocos de los momentos en los que el príncipe haya tenido ocasión de sonreír desde que abandona Altissia en la historia principal. Es algo que incluso Rubí remarca en la escena previa a su cierre, al abalanzarse sobre él y confesar que hacía mucho que no le veía sonreír.

Es un espacio pequeño, un ligero detalle, que  sirve remarcar la figura humana de Noctis

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El Festival de Asesinos, por otro lado, toma el nombre del festejo pero va un punto más allá. Lo hace, primero, rompiendo la cuarta pared al asegurar que Noctis y Prompto son seguidores reconocidos del popular juego de Ubisoft. Y luego, sin mucho esfuerzo, consigue integrar la colaboración dentro de su mundo. Lo hace jugando con sus leyes y su propia narrativa, arrebatando a Noctis sus poderes para obligar al jugador a probar algo nuevo. A convertirse en asesino.

Y es aquí cuando, en vez de limitarse a mantener al jugador ocupado haciéndose con medallas y disfrutando de una Lestallum que se viste para la ocasión, une ambos universos y nos encontramos practicando parkour con el príncipe mientras utilizamos lux itineris para escapar del Imperio. Las normas del credo de asesinos se aplican al mundo de FINAL FANTASY XV y de pronto los combates rápidos y frenéticos se convierten en secciones de sigilo, de persecuciones y asesinatos silenciosos.

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Incluso el medidor de notoriedad se incluye en esta versión de Assasin’s Creed, dando cancha a esta curiosa jugabilidad cruzada de la que hace uso. Y lo mejor es que, incluso jugando en terreno ajeno, FINAL FANTASY XV mantiene su esencia y su tono. Con Noctis y Prompto convertidos en asesinos e Ignis demostrando su conocimiento sobre el Credo; incluso se atreve con las relaciones interpersonales, introduciendo un guiño a lo sucedido en Episode Prompto y remarcando una vez más la integridad de sus personajes.

Tampoco se amedrenta a la hora de mostrarnos a un Noctis decisivo y preparado para cumplir con su cometido en escenas tan simples como en la que aparta la lechuga de su hamburguesa en FINAL FANTASY XV: BROTHERHOOD. Son pequeños detalles que ayudan a ver más del príncipe de lo que el propio juego nos deja ver a lo largo de su viaje. Detalles que hacen de su mundo e historia algo más grande de lo que en un principio parece ser.

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Quizás no sean estos detalles los que os llamen la atención y os baste con ver a Noctis bailando con Moguris y recitando la mítica cita “nada es verdad, todo está permitido”; pero, en líneas generales, si disfrutasteis con el juego original, pasad por sus festivales y dejaros llevar por sus aires festivos. Os sorprenderá lo mucho que hacen por su mundo sin apenas necesitar esfuerzo, tan solo ganas de pasarlo bien y divertirse.