Este texto contiene spoilers ligeros sobre el argumento de FINAL FANTASY XIV: A REALM REBORN y su parche 3.4 – Soul Surrender.

La saga FINAL FANTASY siempre se ha caracterizado por ofrecer argumentos de gran calidad. Esto se suele deber, en gran parte, a su desarrollo de personajes. Y es que la gente de Square Enix sabe como trabajar con esto, logrando poner al jugador en la piel de sus héroes y heroínas, interpretándolos y sintiéndose parte de su historia. FINAL FANTASY VII no sería una leyenda ahora sin el carisma de Cloud y el resto de compañeros. E igual pasa con FINAL FANTASY XIII, que presenta a personajes que simulan autenticas bombas de relojería emocionales

En FINAL FANTASY XIV, sin embargo, esto cambia. Como ya se hiciese en la décimo primera entrega de la serie no interpretamos a un personaje, si no que nos convertimos en él. Lo cual supone un giro importante porque dejamos de verlo todo en tercera persona, como simples espectadores y pasamos a formar parte de su mundo de forma directa. Es un hecho que facilita la inmersión en muchos niveles, no solo por formar parte de el, si no por encarnar al propio Warrior of Light. Dejas de ser un simple observador recibiendo datos, eres el héroe de la historia viviéndolo todo de primera mano.

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Con esto todos los logros del protagonista se atribuyen al jugador, no solo en lo técnico, si no también en lo moral y personal. Sus méritos se convierten en algo orgánico, porque al derrotar a un jefe final no solo subes de nivel, si no que sabes que esa acción repercutirá en ese mundo. Y lo has conseguido tú. Insisto, es algo que ocurre con todos los juegos de la saga, pero aquí se realiza de la forma más cercana posible. Recuerda al corto “MEMORIES”, que muestra la euforia de los jugadores tras derrotar a Titan en su versión HARD, como si se tratase de cualquier otro grupo de la saga. Y es que eres tu —tu personaje— quien, con su consecuente esfuerzo, logra todas esas victorias.

Los logros del protagonista se atribuyen al jugador, no solo en lo técnico, si no también en lo moral y personal.

Pese a todo, esta forma de empatizar puede convertirse en un arma de doble filo. El guión de Kazutoyo Maehiro no es precisamente benévolo con su protagonista, que lo arroja a una adversidad tras otra y convierte al Warrior of Light en una marioneta. Bien, es el elegido de Hydaelyn y el Campeón de Eorzea, pero son estos mismos títulos los que le convierten en un esclavo de su propio destino — en vez de engrandecerlos como en otras tantas obras de fantasía. Las gestas del héroe suelen convertirse en victorias pírricas; aunque él gane todos pierden. Es el camino del héroe el que le impide abandonar y le obliga a seguir adelante.

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Incluso sin los villanos principales, los llamados Ascians (y a su vez la razón por la que el aventurero es escogido y bendecido), el héroe se ve envuelto en un una serie de sucesos que le superan. Es la política sucia de Uld’ah y la ambición de sus gobernantes la que le arrastra a una falsa condena y un posterior exilio. Incluso tras esto sigue sufriendo las maquinaciones de los poderosos, una vez ya en Ishgard. Su camino está marcado por el dolor y la pérdida y quizás sean estos mismos hechos los que lo engrandezcan pero, ¿a que precio?

Es un punto que se ve intensificado a través de los tráilers del juego. Estos resumen, con cada lanzamiento, la historia anterior y dan algunos retazos de lo que le espera al jugador. A su vez estos están protagonizados por el mismo personaje, el supuesto Warrior of Light; el personaje al que encarna cada jugador con su avatar. Desde el comienzo de la aventura en la versión 1.0 del juego, pasando por la batalla contra el Imperio de Garlemald y el exilio y la defensa de la ciudad de Ishgard hasta su participación en la liberación de Doma, el jugador siempre sigue los pasos del glorioso héroe. Todos sus logros se ven reflejados en su persona. De este modo se logra que el jugador empatice, que vea sus acciones reflejadas. Pero también se puede utilizar de otra forma.

Y así lo hace Maehiro, que rompe con todo y destroza la figura del héroe. La introducción de Arbert y el resto de su grupo como los Warriors of Darkness tras la historia principal de Heavensward supone un giro tan grande que invierte esta figura. Convierte a aquellos que luchan por la luz, los que sacrifican por los habitantes de Eorzea, en emisarios de la oscuridad que actúan por motu proprio. Y pese a ello es un fragmento que sirve para reflexionar de la humanidad de estos héroes — sobre que son los héroes en realidad. El parche 3.4 – Soul Surrender (aunque su propio titulo ya lo dice) cierra con la redención de los mismos, demostrando que incluso los más grandes salvadores necesitan ayuda en algún momento de su trayectoria.

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Esto supone, no solo un ejemplo magistral de como dirigir una historia y jugar con sus componentes, si no una revisión del propio concepto del “Héroe”. FINAL FANTASY XIV consigue atacar a las mismas bases de este concepto y lanzar de forma implícita una pregunta, ¿que significa ser un héroe? Con todo esa misma escena sirve las veces de ejemplo al Warrior of Light, que encuentra un ejemplo de su misma causa. Es quizás este arco el que más eleva y dignifica al protagonista; además de servirle de guía al ver que otros han recorrido su misma senda y lo han logrado. El camino estará pavimentado con los sacrificios de muchos pero el Campeón de Eorzea encontrará siempre la forma de seguir adelante.