Es un hecho que la inclusión de Disney en KINGDOM HEARTS es uno de los principales impedimentos para aquellos jugadores que no han tenido contacto con la saga. Es algo común, entre sus detractores, el tildar a la saga de infantil y tacharla de funcionar sobre el trabajo de otros para su propio desarrollo. Pero lo cierto es que KINGDOM HEARTS no trabaja sobre las míticas películas de animación, sino que las abraza y trabaja mano a mano con ellas.

La historia de Sora y compañía avanza y evoluciona a través de los diferentes mundos de Disney pero nunca se apropia de ellos, sino que los adopta para crear algo nuevo. Algo inexplorado. Observa a estas obras desde su interior y coge un pedazo de cada una de ellas para volver a hacernos soñar y descubrir. Y funciona porque desarrolla ambas historias a la vez, innovando sin olvidar lo que cada obra representa.

2017-07-15 (22)

KINGDOM HEARTS pasa por el mismo filtro cada una de las películas de animación y las adapta a su visión. Sin alterar su esencia, las sumerge en un mundo de fantasía de tintes oscuros y juega con sus integrantes bajo sus propias reglas. Su historia trata sobre la pérdida del corazón, la destrucción de los mundos y el empoderamiento de la oscuridad. Y dentro de este contexto los mundos Disney no solo sirven como escenario, sino que la metáfora del corazón se extrapola a nivel indivual; permitiendo al jugador interactuar con esos personajes que le han han acompañado desde pequeño, pero desde un nuevo nivel. No son pocos los fragmentos que sirven como ejemplo a esta afirmación pero es el interés de Riku por Pinocho, posiblemente, el que sirve como detonante en la primera entrega de la saga.

Monstruo es uno de los mundos más abstractos de la primera entrega de la serie y, quizás, uno de los menos detallados. Como si fuese un punto más por el que pasar, sin necesidad de repasar ninguna de las moralejas originales. Y sin embargo es uno de los más profundos por el hecho de que Riku se interese por la posibilidad de que una marioneta pueda tener corazón. Es un punto de reflexión que sirve, no solo para demostrar la coherencia entre ambos mundos sino que también hace las veces de puente entre Riku y Sora y entre ellos y el jugador.

Los mundos Disney no solo sirven como escenario, sino que la metáfora del corazón se extrapola a nivel individual

La escena en la que Riku se lanza tras Pinocho después de derrotar a Jaula Parásita sitúa la obra a un nuevo nivel, consiguiendo que tanto personajes como jugador se preocupen por la marioneta. El juego nunca niega la indefensión de sus invitados frente a la oscuridad —de hecho la escenifica con la pérdida del corazón de Clayton o la desaparición de Alicia en sus primeros compases— pero es el primer momento en que consigue conectar a diferentes niveles, rompiendo cualquier duda sobre la consistencia de su historia. Demuestra que todos sus actores, obviando su procedencia, viven bajo el mismo cielo y se les aplican las mismas leyes.

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Hacen de su universo algo real, una historia que no quiere venderte una serie de películas, sino acercarte a ellas y permitir que las vivas en primera persona. Desde ayudar a Winnie The Pooh hasta luchar codo con codo al lado de Bestia en uno de los momentos más dramáticos del título, KINGDOM HEARTS siempre demuestra su amor por esas fantasías, por convertirlas en parte de la experiencia compartiendo sus mundos.

Son momentos como éste los que hacen de KINGDOM HEARTS algo tan increíble pese a tener una base tan simple, porque su profundidad pesa tanto o más que su sencillez. Sus personajes serán completamente diferentes y provendrán de diferentes mundos pero, al final, todos acaban conectados. A fin de cuentas es esa cohesión, esa sintonía, la que lo engrandece, permitiendo al espectador a volver a soñar, a reír y a llorar con las obras de Disney desde una nueva perspectiva.