Este texto contiene spoilers sobre el primer capítulo de FINAL FANTASY LOST STRANGER.

Square Enix ha decidido celebrar el trigésimo aniversario de la saga FINAL FANTASY con una serie de proyectos individuales que, en conjunción, funcionan como un cúmulo de sorpresas a todos los fans que han acompañado a la saga durante estas tres décadas.

Entre sucesos que no salen de tierras japonesas, como el hecho de inundar las estaciones orientales con algunos temas clásicos de la serie, la imponente proyección que se realizó en el Yokohama Grand o la magnífica conversión de la Torre de Tokyo en una mazmorra del juego encontramos (también como un tributo algo más humilde) la realización del manga FINAL FANTASY LOST STRANGER.

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Al guión de Hazuki Minase (C³, Kagai Katsudou Survival Method) se suma el trabajo del mangaka Itsuki Kameya (Kaidan Tochuu no Big Noise), la obra nos invita a vivir una aventura basada en la saga FINAL FANTASY LOST STRANGER y que no tiene ningún tipo de pavor a hablar sobre sus entregas y su lore. Con estas la historia realiza un acercamiento directo al lector (en base al conocimiento de este sobre la saga) poniéndonos en la piel de Sasaki Shogo, un entusiasta de la serie de JRPGs que consigue enrolarse a las oficinas de Square Enix junto a su hermana Yoko para cumplir el sueño de su infancia: crear su propia entrega de FINAL FANTASY.

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La presentación es simple pero eficaz. Con apenas unas pocas páginas los autores logran que el lector se identifique al encontrarse con personajes que viven sucesos y sueños familiares y una vez lo consiguen lo arrastran al espacio fantástico de la forma más tópica posible. Los protagonistas son atropellados y despiertan en un mundo de fantasía que bien podría ser Eorzea, el continente donde se desarrolla gran parte del argumento de FINAL FANTASY XIV —de hecho Shogo identifica a varias razas como los Miqo’te o los encantadores Lalafell—. Es un planteamiento simple, uno que hemos visto en otras obras como Sword Art Online, Re: Zero o Hai To Gensou No Grimgar pero con un factor diferente, el hecho de que su historia se estructura sobre FINAL FANTASY.

Es un permiso triste, de primeras, pero funciona. Olvida el fanservice con el que trabaja Square Enix habitualmente y lo convierte, literalmente, en una obra tributo — sin la necesidad de ser algo necesariamente explícito.  Y quizás lo hayamos visto en otros tantos títulos pero juega con la ventaja de tratar sobre la serie de RPG más conocida de la historia. Es fácil localizar referencias en el arte de Kameya y sentirse cerca de la saga; como si se tratase de un fanfiction antes que de un guiño forzado para atraer al público a través del éxito de otras entregas. Denota la creación de un espacio que funciona bien por si solo pero que se vale de elementos prestados para dinamizar la interacción con el usuario.

Siguiendo el esquema clásico de este tipo de obras, FINAL FANTASY LOST STRANGER avanza por una trama lenta y previsible mientras los hermanos se aclimatan al nuevo mundo y aprenden, con la ventaja se ser unos expertos jugadores, a convivir con él. Y una vez consiguen que el lector se haya adaptado lanzan un giro poniendo el equivalente a un jefe final en escena. En este punto la trama empieza a evolucionar hacia uno nuevo, valiéndose de la relación entre los hermanos y apuntalando con referencias a FINAL FANTASY IX.

ES FÁCIL LOCALIZAR REFERENCIAS EN EL ARTE DE KAMEYA Y SENTIRSE CERCA DE LA SAGA

Es una evolución poco notable pero que escala rápidamente empezando por no impulsar un camino recto hacia la solución del problema. Lo común en estos casos sería que el personaje principal desarrollase un poder especial y solucionase el conflicto de una tajada. Pero LOST STRANGER da un rodeo y se vale de valores más humanos. Shogo acaba despertando una suerte de poder secreto sí, pero se entiende antes como un mérito propio por el hecho de llevar tantos años jugando (fomentado además por los valores que comparten ambos hermanos; citando a Yoko: “Look hard, study hard, think hard!”) que como algo externo, alejándolo de adoptar la figura del héroe y, por lo tanto, alejando al  propio manga de las tantas historias similares.

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La página cierra con una viñeta desgarradora, sirviendo, inmediatamente, como contrapeso al suceso anterior. Desvirtúa a Shogo de forma que, no solo lo aleja del estatus de héroe, si no que le arrebata la victoria y lo hunde en la peor de las derrotas por haber perdido a su hermana entre las fauces del dragón.

En menos de diez páginas la historia se torna contra sus personajes en escenas como la de Sharu, la maga blanca del grupo, lanzando el hechizo Cura sin parar, pese a no tener ningún efecto. Y entonces Minase decide romper con el propio mundo que ha creado, insistiendo en ese recurso que caracteriza tantas veces a la saga: llevar a sus personajes al límite. Cuando Shogo suplica a Sharu que utilice lázaro el resto de personajes le miran desde la mas profunda tristeza. Un hechizo como ese solo existe en los cuentos de hadas.

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Es pronto para dictar un veredicto sobre FINAL FANTASY LOST STRANGER. Insisto, su historia nace de la simpleza y la familiaridad pero los guiños a los mundos de la saga son tan constantes y dulces que atraen a cualquier seguidor y lo atrapan en su mundo con excesiva facilidad. A esto se suma la forma de romper con su propia fantasía, que resulta todo un acierto, como si enviase un mensaje a los fans, advirtiendo de que, al igual que Shogo y Yoko, están lejos de conocer este mundo. Por muy familiar que resulte.

“What we know about this world NO. 7 — there’s no such thing as raise…”